Fuerza
Los estaba escuchando y me pareció que de fondo empezaba a sonar esa canción de los perdedores, esa que cuenta la historia de un sábado, de no importa que mes, de un hombre sentado al piano, de no importa que viejo café. Ellos apuntaban nada menos que a un Grammy, pero sabían que el hombre del piano esta vez sería el ganador. Aunque de fondo seguía sonando:
Toca otra vez viejo perdedor
haces que me sienta bien
es tan triste la noche que tu canción
sabe a derrota y a miel.
La noche confirmó la derrota y Michel Camilo, con la Sinfónica de Barcelona, se llevó el Grammy. Los derrotados le admiran, saben de la fuerza de este tipo sentado al piano y confiesan algo sorprendente: Me dijo el afinador que en varias ocasiones, cuando fue afinar el piano después de sus conciertos, encontró las teclas manchadas de sangre. Otro apunta: Camilo pone tanta fuerza en las piezas de propina que golpea el piano con los nudillos y por eso se hace sangre.
Hay un hombre sentado al piano
la emoción empapada en alcohol
y una voz que le dice pareces cansado
y aun no ha salido ni el sol...

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