Rodri

lunes, noviembre 26, 2007

Violetas en Iternet

Atracción

Zapatos

lunes, noviembre 13, 2006


Fuerza


Los estaba escuchando y me pareció que de fondo empezaba a sonar esa canción de los perdedores, esa que cuenta la historia de un sábado, de no importa que mes, de un hombre sentado al piano, de no importa que viejo café. Ellos apuntaban nada menos que a un Grammy, pero sabían que el hombre del piano esta vez sería el ganador. Aunque de fondo seguía sonando:
Toca otra vez viejo perdedor
haces que me sienta bien
es tan triste la noche que tu canción
sabe a derrota y a miel.
La noche confirmó la derrota y Michel Camilo, con la Sinfónica de Barcelona, se llevó el Grammy. Los derrotados le admiran, saben de la fuerza de este tipo sentado al piano y confiesan algo sorprendente: Me dijo el afinador que en varias ocasiones, cuando fue afinar el piano después de sus conciertos, encontró las teclas manchadas de sangre. Otro apunta: Camilo pone tanta fuerza en las piezas de propina que golpea el piano con los nudillos y por eso se hace sangre.
Hay un hombre sentado al piano
la emoción empapada en alcohol
y una voz que le dice pareces cansado
y aun no ha salido ni el sol...

PIEZAS

El día que iban a matar su librería, Amparo Gantes soñó que su local seguía oliendo a libros. Vistió una camisa negra, unos pendientes con perlas blancas y salió a la calle de aquella Marineda, inventada por la Pardo Bazán. Amparo había recomendado miles de libros y sabía que aquella era la crónica de una muerte anunciada. Ella tenía tanto valor como Aureliano Buendía y, como el, se sintió ante un pelotón de fusilamiento que estaba a punto de disparar sobre sus 35 años de librera. Camino de la librería se sorprendió musitando aquello de yo señor no son mala, aunque no me faltaría motivos para serlo. Cela podría escribir otra mazurca, para una librería muerta. Desde hacía tiempo, Amparo libraba una guerra, como la del general Escobar, de la que había vendido varias decenas de ejemplares. Ahora, habían saltado sobre ella como un chacal. De todos modos, decidió dejar de ir en busca del tiempo perdido y empezó a componer un puzle con las piezas de sus lectores, con las palabras que iban dejando cada vez que se llevaban un libro. El día que iban a matar su librería, Amparo Gantes  pensó en Oriana Fallaci, en lo que iba a ser su local desde mañana:: Nada, nada ya así sea.

sábado, octubre 28, 2006

Trabajo



Arar, roturar, sembrar, labrar, cortar, segar, recoger, limpiar, pintar, programar, escribir, rodar, cantar, grabar, cazar, volar, navegar, conducir ... Millones de tareas, de labores, de trabajos acompañan a la Humanidad. Cuentan que hasta Dios trabajó seis días para crear el mundo.
 En el fondo esto del trabajo es una creación, un arte que no siempre se sabe descubrir. Cuentan que un tipo se acercó a un cantero que, en la obras de la catedral de Burgos, estaba labrando un sillar y le preguntó: ¿Qué está usted haciendo? A lo cual, el cantero respondió: "pues ya ve usted, picando piedra". Hecha la misma pregunta a otro cantero, este segundo dijo: "pues, señor, estoy ganando el sustento para mi familia". Interpelado un tercer cantero, respondió, no sin cierto orgullo: "estoy haciendo una catedral". Los tres, materialmente, hacían lo mismo: labrar un sillar de granito; pero, intencionalmente, la postura era muy distinta.
 La motivación del obrar, en cada uno de los tres encuestados, había ascendido sucesivamente de categoría, para pasar del mero y rutinario picar piedra a la participación en una obra de creación artística. El trabajo es un arte, pero ya se sabe que hay mucha gente que no quiere ser artista.

Conversaciones

A estas horas de la noche, apetece una parrafada, una charleta tranquila comentando la vida, esa conversaciones que alimentan el alma, que reparan rasguños. ¿Me oyes?
Pero claro siempre estamos más dispuestos a largar que a escuchar. ¿Te acuerdas de Momo? Sabía escuchar y por eso era capaz de tener muchos amigos, por eso aquellos tipos grises nunca pudieron robarle su tiempo, porque no lo tenía, era de sus colegas. Si hasta los clásicos apuntaron aquello de dos oídos para oir, unha boca para hablar, doble contra sencillo, dos receptores frente a un emisor. ¿Me oyes?
 Es una tontería eso de que sólo se puede hablar de algunos temas, eso es matar la conversación. Quiero contarte a quien voy a votar en las próximas elecciones. Quiero saber qué te pareció ver a Benigni rezándole un Padrenuestro a Alá para que le curara a su chica. Quiero escuchar lo que sientes cuando te acarician. Es una tontería eso de vetar los temas de conversación. ¿Me oyes? ¿Me oyes o sigues teniendo los cascos puestos?

jueves, octubre 12, 2006

Bandera blanca, se acabó la lucha. Derrotadas la desidia, la pereza y la apatía, por ahora. Gana Jorge, ese buen amigo que ha puesto en el mar de Internet un barco para llenar de palabras. Tras meses de lucha, me rindo, escribiré este blog, Jorge; lo iré llenando, aunque sea con palabras prestadas. Las primeras se las pedí a Nicolás Guillén, pensando en que siempre nos vemos en los bares. A Guillén le gustaban los bares y lo contó en unos versos:

Amo los bares y tabernas,
junto al mar,
donde la gente charla y bebe
sólo por beber y charlar.
Donde Juan Nadie llega y pide
su trago elemental
y están Juan Bronco y Juan Navaja
y Juan Narices y hasta Juan
Simple, el sólo, simplemente,
Juan.
        Allí la blanca ola
bate de la amistad;
una amistad de pueblo, sin retórica
una ola de ¡hola! Y ¿cómo estás?
Allí huele a pescado,
A mangle, a ron, a sal
Y a camiseta sudada puesta a secar al sol.
        Búscame, hermano y me hallarás
(en La Habana, Oporto,
en Jaomel, en Shangahai)
con la sencilla gente
que sólo por beber y charlar
puebla los bares y tabernas
junto al mar. (La paloma de vuelo popular, 1958
Se acabó la lucha o quizá acaba de empezar.
Gracias Jorge por este barco para llenar de palabras.